martes, 6 de diciembre de 2011

No vi a nadie besándose en los bares.

No vi a personas besándose, la otra noche, en los bares. Tampoco bailaban. Estaban allí de pie, aguantando. No les gustaba estar allí. No les gustaba ser observados, pero era el precio a pagar para observar. No vi a personas besándose, la otra noche, en los bares. No es que no quisieran, they just pretended they don´t. Esperaban a más tarde para, con suerte, morder a alguien. No vi a personas besándose, la otra noche, en los bares. Estaban allí de pie, embruteciéndose. Un poco más.

Me pregunto

Me pregunto cuántas veces a lo largo de sus vidas, las personas renuncian a sus sueños por los sueños de los demás. Y en qué les convierte. Y si lo hacen por amor o porque no les queda más remedio. Y si eso les da la felicidad, a largo plazo, o les evita tomar temidas iniciativas. Y si van a utilizar "yo renuncié a esto o aquello" para justificarse ante sí mismos o los demás. Y si son valientes los que exigen cumplir sus sueños a costa de lo que sea, a costa del dolor de los demás o son atrevidamente coherentes.

También me pregunto si cuando preguntamos a los demás cuestiones que nos duelen conocemos la respuesta de antemano y en realidad buscamos que nos lo nieguen, que nos lleven la contraria. Y si estamos preparados para oír en voz alta la verdad, la que nos decía también esa voz que callamos tan a menudo que sobrevive apenas, inserta en nuestras fibras más profundas, formando parte irremediablemente, de nosotros.